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Chocolate: el delicioso sabor de la paz

Escrito por Anna Guðmundsdóttir

A

lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI, el pueblo de Colombia ha sufrido conflictos internos, iniciados originalmente por grupos de izquierda que luchaban contra el gobierno por la justicia social, intensificados a partir de la década de 1960 con el conflicto armado entre las fuerzas gubernamentales, los grupos guerrilleros de izquierda y los paramilitares de derecha, y a mediados de 1970 los conflictos se hicieron aún más complejos y agresivos con el rápido crecimiento de la producción y exportación de drogas ilegales y las consiguientes guerras entre los cárteles de la droga que más tarde se mezclaron con las luchas políticas internas.

El punto álgido de los conflictos se alcanzó en los años 90 y principios de los 2000, con secuestros, atentados terroristas y horribles guerras internas, que convirtieron a la población en rehén de un estado de guerra interna en el que nadie estaba a salvo.

A lo largo de las décadas, el gobierno realizó varios intentos para alcanzar la paz entre las partes enfrentadas. Finalmente, en noviembre de 2016, el gobierno colombiano en ese momento encabezado por el presidente Juan Manuel Santos, y la guerrilla de las FARC firmaron un acuerdo de paz que el congreso colombiano aprobó. El logro fue tal que posteriormente el presidente Santos fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz.

Como parte del acuerdo de paz, el gobierno ha desarrollado varias iniciativas para apoyar a los campesinos y las familias de las zonas más afectadas por el conflicto armado.

Una de ellas consiste en ayudar a los campesinos a pasar del cultivo de coca al de cacao, nombrado cultivo oficial de la paz. Dado que Colombia ofrece unas condiciones de cultivo perfectas para el cacao, este cultivo era una oportunidad económica en gran medida desaprovechada desde la perspectiva del comercio internacional.

Aunque las heridas de los conflictos armados tardarán generaciones en cicatrizar, cuando se visita el campo parece que la mayoría de la población está dispuesta a dejar de lado las tragedias del pasado para tener la oportunidad de una vida pacífica para ellos y sus familias. Esto se refleja, por ejemplo, en los coloridos grafitis de los pueblos y ciudades, en los que se destaca la palabra “paz”. También quedó patente cuando visitamos a los esforzados cultivadores de cacao que habían cambiado con orgullo su producción de coca por la de cacao, aunque ello les supusiera a ellos y a sus familias más trabajo para ganarse la vida.

Para mí, que soy de fuera, la importancia del grano de cacao en el proceso de recuperación del conflicto armado y las guerras del narcotráfico hace que cada bocado del chocolate de la zona sea aún más delicioso.