Escrito por: Jose Amaro Velayos
En mi última visita al Mercado de Motores de Madrid, me acerqué al stand de Moxē atraído por la presentación de sus chocolates. Pero no estaba preparado para lo que experimenté al probar cada una de las tabletas: una increíble variedad de sabores, matices y aromas, cada uno proveniente de una región distinta de Colombia, cada uno con su propia historia. Detrás de cada tableta de chocolate, había un relato de tierras fértiles, cacao de origen, y de personas que trabajan incansablemente para traernos este pequeño trozo de cielo a nuestras bocas.
Reconociendo mi ignorancia sobre la riqueza y la complejidad de este proceso, decidí emprender un viaje para conocer de primera mano esas tierras del «Nuevo Mundo» y a las personas que hacen posible este milagro gastronómico.
Nuestra travesía comenzó en Pauna, en la región de Boyacá, junto con el equipo de Moxē. Allí nos recibió Juan, un campesino y líder local, con una generosidad y calidez extraordinarias. En su casa, nos narró la impactante historia de cómo estas comunidades estuvieron sumidas durante décadas en conflictos devastadores provocados por la explotación de minas de esmeraldas y el cultivo ilícito de coca. Sin embargo, gracias al esfuerzo y la resiliencia de muchas personas, lograron transformar su realidad: reconciliaron sus diferencias y sustituyeron estos cultivos por el cacao, dándose una nueva oportunidad.
"Escuchar a Juan compartir su historia, y cómo su primer viaje a Europa lo llevó al Salón Internacional del Chocolate de París, donde su chocolate fue reconocido como uno de los mejores del mundo, fue profundamente emotivo. Sentimos el orgullo en su voz al relatar esta victoria para su comunidad."
Después, visitamos las plantaciones de cacao, los procesos de fermentación y secado de los granos, y las instalaciones donde se elabora el chocolate. Compartimos una comida casera con una familia campesina, probamos bebidas tradicionales, y jugamos al tejo, un deporte local con más de 500 años de historia que consiste en lanzar un disco metálico a una caja de lodo con mechas de pólvora.
Aún impactados por lo vivido en Pauna, nos dirigimos a otra región donde se produce otro de los chocolates de Moxē: la Sierra Nevada.
La Sierra Nevada es un imponente macizo montañoso que se hunde en las aguas cálidas del Caribe. Allí habita la comunidad indígena de los arahuacos, quienes tienen una conexión espiritual profunda con la tierra y una cosmovisión única del mundo. Tuvimos la suerte de ser recibidos por el “Mamo” Camilo, un líder espiritual considerado la mayor autoridad espiritual de toda la Sierra. Escucharlo hablar sobre la creación del mundo, la importancia de la Sierra como el corazón del planeta, y la misión de los arahuacos como guardianes del equilibrio de la Tierra, fue una experiencia que nos conmovió profundamente.
Aprendimos que para ellos, los “hermanos menores” —como llaman al resto de la humanidad—, aún tenemos mucho que aprender sobre cómo preservar el planeta.
También conocimos a Sandra, la directora de una cooperativa que agrupa a familias campesinas productoras de cacao en la Sierra, en su mayoría mujeres. Es admirable el trabajo de Sandra y su equipo no solo por la producción de un cacao orgánico de alta calidad, sino también por su labor social, brindando formación y apoyo a las mujeres campesinas y sus familias. Nos llena de orgullo poder colaborar con Sandra, las familias campesinas, y las comunidades indígenas, llevando el chocolate de la Sierra a Europa.
Hoy, cuando pruebo una tableta de chocolate de la Sierra Nevada, puedo sentir esos sabores únicos que recorren mi cuerpo y mi espíritu. Cada bocado me transporta a ese encuentro con el “Mamo” Camilo, a sus palabras de agradecimiento a la madre Naturaleza, y al trabajo incansable de Sandra, de todas las familias campesinas y las comunidades indígenas que hacen posible que disfrutemos de este trocito de cielo.
Esta experiencia vivida junto al equipo de Moxē representa perfectamente nuestra misión y el impacto que buscamos generar. En Moxē, cada tableta de chocolate cuenta una historia de tradición, esfuerzo y dedicación, y al leer este blog, tú también te conviertes en parte de esa historia. Formas parte de nuestro mundo, compartiendo la pasión por un producto que trasciende fronteras y conecta a personas de distintas tierras. Gracias por acompañarnos en este viaje.