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El papel del cacao en la restauración de la naturaleza

Escrito por: Paola Forero

El temido cambio climático parece haber llegado a nuestras vidas para quedarse y muchos de nosotros estamos más nerviosos de lo usual. A las imágenes de osos polares flacos nadando sin fin por no encontrar hielo marino en el océano Ártico y las enormes islas de plástico flotando en el pacífico, que rivalizan con el tamaño de algunos países, se han sumado nuevas noticias con desastres más cercanos como el huracán Milton en la Florida, la creciente frecuencia y tamaño de los incendios en el oeste de los EEUU, las inundaciones devastadoras en Europa, y los lagos creados por las fuertes lluvias en el desierto del Sahara.  

El cambio climático ha dejado de ser un tema distante para convertirse en una realidad que impacta nuestras vidas. Imágenes desgarradoras, como osos polares nadando sin rumbo por la falta de hielo en el Ártico o las gigantescas islas de plástico en el Pacífico, compiten con noticias de desastres más cercanos: el huracán Milton en Florida, incendios masivos en el oeste de Estados Unidos, inundaciones devastadoras en Europa y lagos inesperados formándose en el desierto del Sahara. 

La situación se siente un poco abrumadora y ningún lugar parece ya estar exento de estos desastres. Los ecosistemas que contienen la mayor biodiversidad y que constituye la red vital del planeta, no han sido inmunes a estos impactos; la Amazonía, el pulmón de nuestro planeta, ha estado sufriendo como nunca. Por ejemplo, nuestros aliados de Amazonía Emprende, quienes se dedican a la restauración de la selva, recientemente fueron afectados por un vendaval sin precedentes que afectó de forma considerable la infraestructura de sus instalaciones. Bogotá, la capital de Colombia donde habitan más de 8 millones de personas, ha tenido que vivir con cortes de agua los últimos meses, afectando todo el aparto económico y los niveles de bienestar. 

Frente a esta alarmante situación, surge la inevitable pregunta: ¿qué podemos hacer? Pareciera que las respuestas vienen desde todos los ámbitos de la sociedad, pasando por lo público, a nivel regional, nacional y global –como la celebración de la COP16 en Cali, Colombia, que es un espacio de discusión y toma de decisiones frente al cambio climático establecido por la ONU-, pasando por acciones impulsadas por el sector privado, donde la innovación y la responsabilidad juegan un papel fundamental, hasta acciones 100% individuales.  

Un ejemplo de estas acciones es la regulación de la UE para combatir el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. En esta, se exige a todas las empresas que importan, introducen en el mercado europeo, o exportan, soja, aceite de palma, madera, café, cacao y ganado, a hacer una trazabilidad del origen de los productos para garantizar que los mismos no vengan de zonas deforestadas y promover así el cuidado de la biodiversidad en estos territorios productores. 

¡El cacao está en el centro de atención de la agenda ambiental!, debido a que este dulce cultivo no solo nos da chocolate, sino que también ayuda a cuidar la biodiversidad de importantes ecosistemas del planeta ubicados en zonas tropicales, dentro de 20 grados de la línea del Ecuador. Por ejemplo, uno de los mejores cacaos finos y de aroma de Colombia se produce en el Caquetá, que es parte de la Amazonía y uno de los orígenes de nuestros chocolates. Este ecosistema es vital en la regulación natural de los ciclos del agua globales por lo que su restauración y conservación es de extrema importancia en la conservación de la biodiversidad.  

Durante años, hemos implementado prácticas agrícolas que, si bien han sido beneficiosas para todos, como los monocultivos y el uso de fertilizantes químicos que han permitido desarrollar una gran productividad y contar con una oferta enorme de productos, a precios accesibles para la mayoría de la población, estas prácticas también han tenido su costo: la biodiversidad ha sido la gran perdedora. La nueva regulación busca el cuidado de nuestro planeta, pero ¿quién se hará cargo de los costos adicionales? ¡Aún hay preguntas sin responder!  

En este sentido, el llamado es a que cada vez entendamos mejor cómo nuestros hábitos de consumo generan impactos en la conservación del equilibrio, ambiental y social, y de cómo podemos modificar nuestro consumo hacia uno más responsable. Nuestra forma de vivir indiscutiblemente va a cambiar. Quienes antes planificaban su jubilación en la Florida ahora reconsideran sus opciones, y hasta los más escépticos sobre el cambio climático están replanteándose su visión. 

En resumen, se trata de encontrar un equilibrio. Disfrutemos de ese delicioso chocolate, pero con responsabilidad. Aprendamos a pagar lo que realmente cuesta, para que tanto el cacao como quienes lo producen puedan prosperar. Así que, ¡a disfrutar del chocolate con conciencia! Porque, al final del día, cuidar de nuestro planeta puede seguir siendo una dulce experiencia. 

Estamos todos juntos frente a este reto. Nuestra propuesta es que seamos corresponsables y cocreadores del nuevo mundo, que sigamos disfrutando de un delicioso chocolate, en cantidades adecuadas para que nuestro cuerpo disfrute de los beneficios de su consumo, pero en cantidades que también permitan el cuidado de la flora y la fauna que mantiene nuestros ecosistemas vivos. Es importante que podamos pagar lo que realmente cuesta el cacao, a toda la cadena de valor en su producción, y al planeta.